martes, 11 de diciembre de 2018

Poeta asesinado. Óscar Delgado (Santa Ana, Magdalena: 1910-1937). Poemas y prosas. No. 25, Diciembre 2018, Ediciones Exilio. NTC ... REGISTRO

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Gracias al aporte y la autorización de Ediciones Exilio,  
de su Director, Poeta Hernán Vargascarreño, y del prologuista, 
publica y difunde: NTC …Nos Topamos Con … 
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Poeta asesinado

Óscar Delgado 
Santa Ana, Magdalena: 1910-1937

Poemas y prosas

No. 25, Diciembre 2018

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Fotografía del archivo familiar, cedida  por la señora Margoth Pachón de Delgado (q.e.p.d.)
PRÓLOGO


Memoria de la sombra
 Por Omar Ardila  *
Decimos lo que decimos
para que la muerte no tenga
la última palabra…

Roberto Juarroz

La auténtica memoria, tal como decía Henri Bergson, tiene una connotación afectiva e incluso espiritual, por lo tanto, escapa al simple recuerdo de un hecho que ha caído en el olvido y que por determinada circunstancia consideramos preciso revivirlo. Asimismo, dicha memoria es activa, se reconstruye a cada paso, es portadora de novedad y coexiste con el presente. Justamente, he apelado a este tipo de memoria para traer del pasado al poeta Óscar Delgado y mostrar cuán vigente se mantiene su obra, pues los cuatro balazos que cegaron su vida el 11 de abril de 1937 no lograron detener la potencia de su palabra; por el contrario, la hicieron devenir a manera de eterno presente que nos sigue enseñando a oír, como en una suite de Debussy, “la luna de la alberca”.

El hijo de Santa Ana (Magdalena) había nacido en 1910, en una aldea que el poeta supo inmortalizar con su “¡canción de luna viajera! / en cascabeles de infancia!”. En su corta obra reiteradamente vuelve a los albores, a la edad inicial, al asombro del río que sabe entender como su primer universo, como el conjunto infinito e insondable que no dejaría de interrogarlo.

El infante, hijo de doña Emilia y don Temístocles, en su ameno paraíso, no alcanzaba a imaginar que en el lapso de su vida habría de suceder, a nivel global, la cruenta Primera Guerra Mundial y, en el ámbito local, la brutal Masacre de las Bananeras muy cerca de su pueblo natal; y que el país se iría sumiendo día tras día en el oscurantismo del despojo, de la sevicia y del odio.

Toda la ignominia a la que puede llegar el humano poseído por el autoritarismo y la envidia llevaron a unas conservadoras familias de la apacible Santa Ana a emprenderla contra el diferente, contra el poeta que amaba y quería lo mejor para su tierra (perpetuándola en los crepúsculos inagotables y en las tardes “narradoras de luciérnagas”) hasta cercenar su alto vuelo con unos balazos traicioneros, por la espalda, y con la exposición del cadáver en la plaza pública como trofeo de su abyecto acto. No lo sé con certeza, pero puedo aventurarme a decir que fue la primera vez que en la reciente nación colombiana un poeta caía asesinado por actores del mal teatro del horror, quienes pensaron que con la huida, podrían borrar la culpa que la voz misma del poeta no ha dejado de enrostrarles.

Óscar Delgado había tenido la suerte de ir a estudiar primero a Mompox, luego a Barranquilla y más tarde a Bogotá. En esos tres lugares pudo acceder a una formación privilegiada que incluyó clases de piano, violín, pintura, retórica y cierto tipo de literatura universal que más tarde, cuando empezó decididamente su vocación literaria, lo aproximaría a las estructuras y temáticas de movimientos tan importantes como la Generación del 27. Muy en la línea de García Lorca, los poemas de Delgado poseen una especial cercanía con la luna, al mismo tiempo que mantienen un singular ritmo, propiciado por estribillos y ritornelos.

La decisión del poeta de ingresar en el mundo de la política desde la vertiente liberal, primero como secretario de la gobernación de su departamento y luego como diputado a la Asamblea, lo puso en miras de las huestes conservadoras que no se resignaban a la caída de la hegemonía de su partido, ocurrida en 1930. En la venerada aldea se miraba con recelo a aquel joven que había logrado en Bogotá la amistad de intelectuales como Luis Nieto Caballero, Hernando Téllez y Jaime Barrera Parra, y quien además, había conseguido publicar sus primeros poemas en el prestigioso diario de la casa santista, El Tiempo. Las mentes obtusas no pudieron tolerar que alguien de su misma región empezara a tomar vuelo y a perfilarse como un gran intelectual del ámbito nacional. Su respuesta fue el odio, el señalamiento y la muerte.

Pero la muerte, a secas y pensada con sevicia, no es una palabra que atiendan los poetas, mucho menos la voz de Óscar Delgado que había optado por cantarle a la vida plena, aunque sus primeros enamoramientos le hicieran conocer la ausencia y el silencio. En ese lugar de su infancia, que siempre será “memoria vegetal de la sombra”, logró juntar vida y sueños en una tribuna insondable. Allí conoció el espíritu del agua y le apostó a la metafísica de la fluidez. Pudo ver cómo el río de la tarde sabe fluir en los ojos de una mulata que llaman para enseñarle “la dorada tiniebla de su piel”, las potencias del cuerpo y el deseo. Con “los retoños del agua” que a diario lo interrogaban, Delgado hizo de su poética un devenir líquido que nos permite acoger a los astros como presencias constantes que a menudo nos enseñan su libertaria música cósmica en la inocencia de una alberca.

La estética como vida es el sendero que instaura el poeta. En su texto dedicado al compositor francés Émile Waldteufel condensa una poética musical que ya presentía en el río, en la luna, en los instrumentos sonoros, en el sueño y en el ensueño. En otro poema ofrecido al escritor español Azorín, por medio de instantáneas de la memoria que lo remiten a la infancia, nos habla de los colores del tiempo que se mueven libres en la Aldea, en ese lugar del arraigo que a todos nos hermana. En el conjunto de poemas “Añoranzas del retablo estival” deja entrever, a manera de panorámicas, la sutileza plástica de su universo primero. La pintura y la vida desfilan en retablos, donde también cabe la virgen morena, la de los campesinos que saben descubrirla en la voz vegetal y en el “ácido misticismo de la tierra”. Y así continúa la obra de Delgado, centrada en la belleza y en la vida, en la metáfora de la arena y en el abrazo de la risa, pues sabe que en la pequeña aldea donde en Navidad apenas llega un rumor de villancicos y de jugueterías, hay que apelar al paisaje para que con su humedad nos traiga alguna buena nueva. En la poesía de Óscar Delgado, tal como sucede en la de Aurelio Arturo, aparece la Naturaleza con toda su fuerza, no para llenar las desnudeces, ni para la metáfora ligera. La Naturaleza del poeta magdalenense es asumida como realidad amiga a la que no se le teme, más bien, a la que se consulta, con la que se es cómplice.

El estilo sencillo de los poemas tiene cierta particularidad que no puede pasar desapercibida. Puedo decir que sus textos van in crescendo, con primeras enunciaciones que se van intensificando hasta hacer del círculo un conjunto abierto que nos ofrece versos entrelazados, con imágenes que vuelven en uno y otro poema (el azul, la luna, el río) a la manera de una canción con sus ritornelos y estribillos; canción sencilla pero contundente que busca repetirse en la memoria del oyente (del lector). En el poema “Canción fácil”, nos anuncia un cuerpo idealizado (una mujer del río) que se construye a la manera de un rompecabezas en corpúsculos de tiempo con arena, brisa, nubes y sonido de campanas. Es importante recordar que el título que tenía pensado Óscar Delgado para cuando editara su libro, era el de “Canciones falsas”.

Cabe anotar que esta nueva compilación realizada por Ediciones Exilio incluye unos textos narrativos en los que sobresale un estilo elegante, profundo, con descripciones poéticas del Caribe y que conserva una estructura musical afianzada por los contrapuntos de los autores que conforman su universo estético: Strauss, Cocteau, De Greiff, Arturo, Renard. También incluye una bitácora de presencias que lo interrogan y lo atraviesan afectivamente: Berta Álvarez, Gregorio Castañeda Aragón, Berta Singerman. Asimismo, se aproxima a la ficción en el texto “Ramona” y se aventura con pequeñas crónicas cromáticas. De igual manera explora la crítica literaria con agudas reflexiones y una prosa elocuente sobre autores que han logrado conformar unas líneas de referencia. Pero su análisis no se queda en un especializado formalismo, sino que critica a los sistemas de gobierno y a los amaneramientos que hacen de la inautenticidad una nueva política de la existencia.

Cierro este emotivo encuentro con Óscar Delgado invocando la memoria auténtica para que también se revivan las voces de otros poetas ultimados en nuestro territorio (Martín Pomala, Tirso Vélez, Julio Daniel Chaparro, Adolfo León Rengifo, Chucho Peña, Amparo Marín López, Federico Taborda (Sibius), Edwin López Granados, Diomedes Daza, Manuel Gustavo Chacón, Héctor Everson Hernández, Gerson Gallardo, Pedro Eloy Cohen, Francisco Antonio Piratova, Orlando Sierra, Humberto Márquez Castaño…) por esas eufemísticas fuerzas oscuras, que por más que se oculten solo dejan ver sus fatales transparencias.

Y para que la muerte no tenga la última palabra, me quedo con la voz insistente de Óscar Delgado, con la noche y el milagro de su territorio, con la vida pletórica de alegría, sin muerte al acecho, sin esos cuatro balazos dados por la espalda, sin el poeta asesinado.

http://omarardila.blogspot.com/
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Dos poemas suyos


Esquema de diciembre

Ante los espejos del alba
la aldea
gris
se perfuma
con el agua de oro
de las campanas.

Pulveriza
vidrios de frío
el sol nuevo.

Va
la neblina
teñida en cantos de pájaros.

El río
falsifica
estatuas de nubes.

De extremo a extremo
de la mañana
el trópico
cuelga
sus hamacas de colores.
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La estrella 

Ante una cálida opacidad de cigarras,
el crepúsculo ilumina la leyenda
de la estrella nunciadora,
desflecada entre la cabellera río claro.

Nunca supieron de su sabor bíblico
los hombres que la contemplaban
a través de la verde quietud de las ceibas,
pero su geometría de vidrio
retoca una religiosa emoción
que aclara la humilde
arena de sus vidas.

La estrella
es un plateado rumor de paz
que va enhebrando el collar

de las lunas magas de diciembre.
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Ediciones Exilio
2018 - 2019 


Con el título "POETA ASESINADO" se cierra el año 2018 de Ediciones Exilio, el más prolífico de ella.
Se abrirá el 2019 con El invitado y otros cuentos, del escritor brasilero Murilo Rubiao (1916-1991), gracias a una beca que Ediciones Exilio se ganó con la Biblioteca Nacional de Brasil.
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Algunos títulos publicados en 2018


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Especial para los nefelibatas (Memento León De Greiff)
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