domingo, 15 de octubre de 2017

CERRAR LA PUERTA. Por Juan Manuel Roca *. Prólogo del libro “Cerrar la puerta. Muestra de poetas suicidas. Ediciones Holderlin, Medellín, Colombia, 1993. NTC ... Registro

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VIENE y COMPLEMENTO DE:


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CERRAR  LA  PUERTA

Por Juan Manuel Roca *



Bogotá, noviembre 2 de 1992
Prólogo del libro “Cerrar la puerta. Muestra de poetas suicidas.”
Prólogo y selección por Juan Manuel Roca. Ediciones Holderlin, Medellín, Colombia, 1993.
Hay poetas que abren la puerta al suicidio, y de hecho, muchos de ellos lo hacen hablando de la muerte voluntaria, en algo que los griegos llamaron catarsis, sin llegar jamás a cometerlo. No es otra cosa que aquello que hizo Dostoievski, escribir de crímenes y vejámenes para no cometerlos en la realidad más inmediata. Hay quienes planean su muerte con paciencia de relojero, y sin embargo nunca dan el salto al vacío.

De cualquier manera, una legión de poetas se ha ido del mundo dando un portazo, cerrando la puerta con un sonido detonante y trágico. El pistoletazo de José Asunción Silva aún resuena en las noches de un barrio bogotano, con ese sonido similar al que ejecuta el viento al cerrar una puerta que nunca sabemos si es de entrada o de salida.

Ocurre que en el largo pastoreo de abismos que es oficio del poeta, el suicidio se presenta como opción, como tentación desde el más irrompible silencio. Una suerte de crimen de sí mismo no necesita nunca de coartadas, aunque sí de la complicidad del cuerpo, por enajenado o desconocido que resulte a la hora de la ejecución. El suicida es víctima y victimario, cómplice y testigo, cuerpo del delito y, como si fuera poco, lugar de los hechos, escenario de la tragedia. Si "yo es otro", como en la premisa de Rimbaud que ha sido divisa de toda la lírica contemporánea, el poeta suicida es el doblemente desdoblado que ha podido matar a su otro. Fue un poeta quien dijo que el suicida es un asesino tímido. Y fue otro poeta, Vladimir Holán, el que en su espléndido poema Una noche con Hamlet, traza como con un carbón la duda que puede asaltar a alguien que aún no sabe de qué lado del disparo se encontraba. "O sonará un tiro y él pensará: me he matado... O sonará un tiro y él pensará: ¡Soy un asesino!", exclama Holán.

El carácter de esta antología tiene que ver más con la belleza de esta poesía que con el hecho de haber sido escrita por suicidas. Sólo incluimos a un poeta de Oriente, Tamiki Jara, no sin recordar que el Japón tiene como rasgo aún más heroico que Occidente su concepción del suicidio, unos rituales más estrictos, como el seppuku, esa autoinmolación que hace sólo dos décadas realizó el gran escritor Mishima en compañía de un puñado de discípulos. Según palabras del propio Mishima, fueron a cumplir con lo que denominó, casi sin importancia, "el incidente". Lo cierto es que todos estos poetas reunidos acá, de hecho podrían estar inmersos en aquello que Walter Muschg llamó Historia trágica de la literatura. Pero tragedia no quiere decir, necesariamente, ausencia de ironía. Por supuesto que el rasgo común de los antologados tiene que ver con un trasunto trágico, con ese buscar el atajo hacia el "allá", aunque a veces sea, también, una travesía hacia la gloria, aquella que para el viejo filósofo no fuera otra cosa que "el sol de los muertos". Porque el suicidio jerarquiza, otorga a veces un status mágico, crea una suerte de hipnosis reverencial, y no faltará el creador de medianías que busque ese hecho honorífico: hasta morir puede ser un hecho fraudulento.

Entre el suicidio largamente meditado y el suicidio realizado por una suerte de rapto, no hay una estética divisoria como entre los poetas racionales y los inspirados: la estirpe del suceso los emparenta, los tribaliza en una especie de opus nigrum. Es raro el suicida que no opere con lucidez, aunque no falte quien durante una oscura borrachera se elimine. Es el problema del alcohol: alguien puede suicidarse y al día siguiente no acordarse de nada. Porque sí, el suicidio ha sido, también, objeto de textos satíricos. No recuerdo quien, un poeta inglés en todo caso, escribió este texto desacralizador y aleccionante: "las drogas producen calambres, el nudo corredizo cede, el gas huele mal, el disparo despierta a los vecinos, los precipicios producen vértigo. Bien, puedes seguir viviendo". Lo anterior, como aviso para crearle un Vade retro a los suicidas vergonzantes, a los no convencidos por el gesto del silencio, pero no para aquellos que como Kleist buscaban una compañía como requisito único para cerrar, definitivamente, la puerta. Ya Lautreámont decía que nadie quisiera usar "la corbata de Nerval", la soga con la que el poeta colgó su cuerpo y su sombra y, posiblemente, su ángel de la guarda.

Al suicida convencido nada puede detenerlo. Se sabe, sin embargo, de un antiguo rey que ante la oleada de suicidios de mujeres en el reino, optó por promulgar una ley según la cual, mujer que se suicidara sería expuesta desnuda en la plaza pública. Santo remedio, la desnudez, que en aquellos tiempos sólo era privilegio teórico del espejo -el único que podía asistir a la intimidad de las doncellas- pudo más que la idea del castigo eterno en las calderas del infierno.

Jacques Rigaut, el enigmático inventor de la Agencia general del suicidio, que dio su aldabonazo a la edad de 30 años, decía: "Intenten, si pueden, detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal". De hecho, esa flor del suicidio que portara Rigaut, no se marchitó durante años. Así lo señala André Bretón en su Antología del humor negro: "Finalmente, el 5 de noviembre de 1929 ha llegado el instante. Jacques Rigaut, después de minuciosísimos arreglos personales y aportando a esta especie de salida toda la corrección exterior que exige no dejar nada fuera de sitio, prevenir por medio de almohadas toda eventualidad de temblor que pueda ser una última concesión al desorden, se dispara una bala en el corazón". Un gesto que repetiría, sin saberlo, de nuestro suicida: ya Silva había dibujado en su pecho el mapa de su corazón, y alojado en él un balazo fulminante. Ahora, un biógrafo suyo dice que el poeta (lo debe confundir con el Croniamantal de Apollinaire), fue asesinado. En Colombia hasta la historia de un suicidio tiene pena de muerte.

Otros antiguos disparos resuenan en la noche romántica. Marcel Brion se pregunta luego de leer en un drama de Kleist, una imagen de afirmación vital -"la vida vale mucho cuando se la desprecia"- si "fue el disparo de pistola que mató al poeta el gesto de un hombre que desprecia la vida". El misterio es el común denominador del suicida, y esto, agregado al misterio de la poesía, crea un ámbito de rara, dolorosa, ambigua belleza.

La posibilidad del creador de poesía, lejos de la intonsa cultura de lo comprobable, aquella que se afinca en la más precaria realidad, le permite dibujar una puerta, tocar su aldabón y, luego de cruzar su umbral, desdibujarla con su estilógrafo cargado en tinta de sombras. Arte de mago, de taumaturgo, de escamoteador de apariencias, cerrar la puerta no es otra cosa que hacer invisible lo visible.

Por supuesto, este volumen no es, ni apologético, ni mucho menos reprobatorio del suicidio. El lector está en libertad de no abrir las puertas de este libro, de no entrar en esta galería de seres desdichados, malditos, místicos, revolucionarios, videntes, vesánicos, anarquistas, olvidados, anómalos, prestidigitadores, réprobos, relapsos. Pero si lo hace, si entra en esta casa habitada por sus voces, podrá encontrar la poesía de una tribu de impacientes que antes de decidirse por sí mismos a cerrar la puerta, nos dejaron un testimonio de su asombro.

Juan Manuel Roca*        
Bogotá, noviembre 2 de 1992
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* Su Facebook, a Oct. 15, 2017 :
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Juan Manuel Roca
recibe su "Espantapárrafos"
Octubre 14, 2017

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Texto publicado parcialmente en:
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SUICIDAS, SUICIDADOS Y SUICIDABLES
Por Jorge Enrique Adoum   (Ambato, 29 de junio de 1926 - Quito, 3 de julio de 2009)
REVISTA DINERS,  NOVIEMBRE 1993
Re-Publicado el domingo, enero 27, 2013, en:
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Sobre el Prólogo:

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Octubre 15 de 2017

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lunes, 2 de octubre de 2017

Lista de espera. Omar Ortiz. Poesía. Editorial Domingo Atrasado. Septiembre 2017. NTC ... Registro

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Lista de espera

Omar Ortiz ( 1 )

Poesía 

Editorial Domingo Atrasado 
Colección "Cantos rodados"

Septiembre 2017 

NTC ... Registro

Páginas: 72

Del Prólogo
Cada poema de Lista de espera, es un paraje, un canto ebrio, un discurrir filosófico, un aforismo; todo parece disperso en la forma, pero hay una unidad sutil que viene desde su representación externa de indicar los poemas en orden alfabético, al igual que el santo y seña de los epígrafes de los poetas acmeístas rusos Anna Ajmátova y Osip Mandelshtam, exalumnos del “Taller de los poetas” de Gumilev.

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ÓMAR  ORTIZ  FORERO ( 1 )
Si bien Ómar nació en Bogotá, Colombia, en 1950, desde su infancia se ha relacionado con el Valle del Cauca por su familia paterna oriunda de Tuluá.
Abogado de la Universidad de Santo Tomás, es un decidido gestor cultural y como tal ocupó la Gerencia Cultural del Valle cuando Gustavo Álvarez Gardeazábal fue gobernador de dicho departamento.
Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía "Luna Nueva" que completa 43 ediciones y 30 años de vida *.
Ha publicado por lo menos 13 libros de poesía de los cuales destacamos: "Las muchachas del circo", "Diez regiones", "Un jardín para Milena" (A), "El libro de las cosas", "La luna en el espejo", "Diario de los seres anónimos", "Cequiagrande" y la primera edición en España del "Diario de los seres anónimos" que, ampliada y corregida, acaba de ser publicada en la península por la editorial "La Mirada Malva". ( A: Un Jardín para Milena. Antología mínima. Febrero 2008Colección "Un libro por centavos" de la U. Externado de Colombia )
Ha compilado los siguientes libros: "El yage y otros cuentos" de Germán Cardona Cruz, "Luna Nueva, muestra de poesía Latinoamericana actual", "Luna Nueva, once miradas a la poesía colombiana"“LUNA NUEVA, Antología múltiple II. Diecisietemiradas a la la poesía colombiana”"Vivir la poesía, poetas en la UCEVA" y "Contar en Tuluá, narradores en la UCEVA".
Ha sido incluido en varias antologías de poesía tanto nacionales como internacionales.
La Universidad de Antioquia le concedió en 1995 el Premio Nacional de Poesía por su poemario "El libro de las cosas" y la Alcaldía de Tuluá lo condecoró en 1997 con la medalla al Mérito Cultural "Germán Cardona Cruz". 
Actualmente es profesor de tiempo completo de la Universidad Central del Valle, UCEVA, de Tuluá y como tal dirige el Centro Cultural "Gustavo Alvarez Gardeazábal".
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Photo
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Título: Lista de espera
Autor: Omar Ortiz
© Omar Ortiz
Diseño: Juan Pablo Ortiz.
Concepto: Nathalie Duprai
Ilustrador: Carlos Eduardo Escallón
Editorial Domingo Atrasado, 2017
Impreso por Panamericana Formas e Impresos
ISBN: 978-958-59050-6-1
Kr 18 # 63C - 19 Bogotá
Impreso en Colombia. Printed and made in Colombia
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización expresa del autor.

Para Alberto Rodríguez Tosca, siempre en el corazón

Confieso que he usado
Una tinta simpática,
Que escribo una carta a través del espejo.
Anna Ajmátova

Por naturaleza soy un hombre que espera.
Osip Mandelstam

CALEIDOSCOPIO DE LA MUERTE
Los elementos que nutren el presente libro de poemas Lista de Espera, de Omar Ortiz, sugiere un deshilvanarse en el acontecer de la existencia. En estas nuevas composiciones se percibe el aliento de libros anteriores, las esencias que flotan de los otros libros, el murmullo de versos que llaman a nuevos cantos insertos en el tiempo del poeta, a lo mejor “Los espejos del olvido”, y su antológico poema “El espejo” o “La luna en el espejo”; Omar Ortiz es un poeta de espejos, de lunas, muchas lunas, por ende es director de la revista “Luna Nueva”, revista para nocheros; de tanto abrevar en la poesía, encuentra en Lista de espera, un acento reposado, rastros que sugieren muchos de sus versos: Cuando se ven los Girasoles de Van Gogh,/percibimos el aroma de diminutos soles./Así, al abrir un libro,/un particular sistema solar/ se aloja en nuestro olfato. El olor de los libros, es lo que en últimas engloba el presente poemario, unos versos calmos y juguetones en uno de los poemas dedicados a Fernando Pessoa, juguetea con los juglares Juan Manuel Roca y Juan Carlos Moyano, moradores del poeta portugués, aquí no encontramos el desespero existencial, se da más bien paso a la burla de lo dicho, el habla popular incorporada al cuerpo del poema, o el aroma de las flores que inducen el canto romántico, sin caer en el romanticismo lloricón de nuestro reciente pasado poético; se respira el clima caliente, la guerra, el blues, la vuelta a ciertos autores preferidos y la mujer como presencia o ausencia. Los poemas de Omar Ortiz no son eminentemente líricos, en ellos encontramos un acento cercano al aforismo o el rapto filosófico en el entendido que poesía y filosofía son dos presencias paralelas que nunca se encuentran y eso lo entiende bien el poeta. En Lista de espera, también sentimos ese tono conversacional como lo calificara el poeta cubano Fernández Retamar, asiendo en sus poemas el giro popular que le viene bien a sus versos. Aquí no tropezamos ese lirismo puro que se vuelve chocante por la idea manida de enturbiar las aguas para que parezcan profundas. En la caleidoscópica mirada que sostienen estos poemas no falta un canto al ser anárquico: Sólo los naturales de Acracia/nos negamos a tan baboso destino/planificando con paciencia y /toda una vida de fracasos. / Negamos la experiencia como conocimiento. / Vieja arpía, la experiencia.
Es extraño que un poeta colombiano loe el pensamiento ácrata, bien sabemos que por este país la fuerza anarquista, pasó sin dejar rastro. Quizá esta puede ser unas de las razones de no romper las amarras convencionales de la poesía.
La ironía, esa otra forma de la estética, también está aquí en Lista de espera, cuando esta ocurre entendemos que el poeta es el que incomoda, el que desentona en el statu quo. La ironía se pasea por sus versos, como el poema: Querida, está bien que recojas y auxilies a los perros, gatos, torcazas, /y loros que desvalidos abundan en la ciudad… y al final del poema: Lo que me lleva a rogar para que escondas el rifle de balines que le regalaste a tu hijo en el pasado cumpleaños, sí, el mismo que dispara/desde la terraza de tu pent-house al que se mueva. Carta a una amiga. Los falsos discursos que vienen cargados de ideologías confusas de cierto sector de la sociedad, el excesivo fanatismo por las causas sociales, rayan en lo religioso y casi cursi, hacen del animalismo un movimiento algo grotesco.
El mismo título del poemario nos sugiere que ya se transitaron algunos caminos indivisos, otros fueron áridos. De ahí que sus versos acentúen las calles y campos floridos: El río bordea los senderos que madrugan. / En el fogón un rescoldo de noche calienta el café. / Hice un camino de no me olvides/sin saber que las lavanderas usan su esencia/ para espantar las huellas del remordimiento. …Buscando junto a la Ceiba.
Decía que el presente libro de Omar Ortiz deviene en una atmósfera reposada como quien mira el árbol que está al frente y comprueba que la vejez es más bella en los arboles viejos que en el hombre Pulsión que retomo hoy, / cincuenta años después, /pintando, con envejecido placer, /en la inmensa pared del cielo: … Grafitti.
Lista de espera, se mueve en distintas atmósferas y se creyera distante un poema de otro en el sentido de la unidad temática de la que hablan los académicos y se guían algunos de ellos para valorar la poesía mediante estímulos económicos para mal de salud de la misma. Cada poema de Lista de espera, es un paraje, un canto ebrio, un discurrir filosófico, un aforismo; todo parece disperso en la forma, pero hay una unidad sutil que viene desde su representación externa de indicar los poemas en orden alfabético, al igual que el santo y seña de los epígrafes de los poetas acmeístas rusos Anna Ajmátova y Osip Mandelshtam, exalumnos del “Taller de los poetas” de Gumilev. El libro, si se mira como pasando imágenes por un caleidoscopio, ofrece variadas resonancias, pero el lugar, cualquier lugar a donde llegaremos todos, estaremos primero en una Lista de espera.

https://www.facebook.com/celedonio.orjueladuarte
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CONTENIDO
CALEIDOSCOPIO DE LA MUERTE
Por Celedonio Orjuela Duarte 13

ACERTIJO 17
AFORISMO 18
ALUMBRAMIENTO 19
BUSCANDO JUNTO A LA CEIBA 20
CARTA A UNA AMIGA 21
COMO UN VIEJO BANDONEÓN 22
DE OÍDAS 24
DESPERTAR DE UN CORAZÓN 25
EL AMOR ES COSA SERIA 26
EL CAMELLO DE ORO 27
EL FRACASO DEL ALQUIMISTA 28
EL GUARDA SAGRADO 29
EL OLOR DE LOS LIBROS 30
EL ORO, EL ORO, EL ORO 31
ÉL, NO CANTABA BOLEROS 32
ELLA CANTA BLUES 33
EN EL NOMBRE DE DIOS 34
ES LA GUERRA 35
ESTE LADO, FRÁGIL 36
ESTRENANDO VESTIDO 37
FINAL DEL JUEGO 38
GRAFITI 39
INTERIORES 40
INTERIORES II 41

LA GLORIA ERES TÚ 42
LAS POSIBLES FORMAS DE DIOS 43
LAS TRAVESURAS DE UN MAGO 44
LO QUE EL POETA NO DIJO DE SÍ MISMO 45
MANUAL DE PLANTAS ORNAMENTALES 46
MAÑANA EN MI MEMORIA 47
MARIETA 48
ME LLAMO ELEONORA 49
METEMPSICOSIS 50
MUERTE DE UN PASEANTE 51
NUEVAS RAZONES DE BARTEBLY 52
ORTODOXIAS 53
PALABRAS COMO CÁRCELES 54
¿QUÉ ES POESÍA? 55
QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SIN EL TANGO 56
QUERIDO GEORGE 57
SALA DE ESPERA 58
SIN PUNTOS SOBRE LAS ÍES 59
SIRENAS EN EL PARQUE 60
SOBRE LO RELATIVO 61
UN CUBANO QUE NO BAILA 62
UN PARAGÜERO 63
UNA TRAMPA, EL TIEMPO 64
VIAJES A LOMO DE CABALLO 65

YO, HORACIO QUIROGA. 66
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Cerrar la puerta. Muestra de poetas suicidas. Prólogo y selección por Juan Manuel Roca. Ediciones Holderlin, Medellín, Colombia, 1993.

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Eventos culturales y de PAZ
a partir del  30 del SEPTIEMBRE, 2017
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*** 4 de octubre, 
 ​6​
 :30 PM,
 ​ 2017,  CALI. Biblioteca del Centenario​

--- Ciclo “Literatura y Marginalidad”. En octubre en la Biblioteca del Centenario. Octubre 4: LOS POETAS y el SUICIDIO. Charla del Poeta Rafael Escobar de Andreis Octubre 11: ponencia,  "Escribir desde las tinieblas. Helen Keller y la mirada poética desde los márgenes”, cargo de Carlos Ayram. Profesor del Departamento de Lenguaje de la Universidad Santiago de Cali / Octubre 18: Recital del poeta Gerardo Rivera y una charla acerca de "El escritor como ermitaño".  Informes: bibliodecente@gmail.com
​.
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DE: NTC …

Para ir ambientando a los (las) POETAS en trance de suicidio … .
¿Se suicidó Raúl Gómez Jattin … (Cartagena de Indias, 31 de mayo de 1945 - 22 de mayo de 1997)??


Cerrar la puerta 
Muestra de poetas suicidas 
Prólogo y selección 
por
 Juan Manuel Roca 

Ediciones Holderlin
Medellín, Colombia, 1993

NTC ... BIBLIOTECA No. P-909



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Apuntes sobre poesía y suicidio
Autor: Rafael Escobar De Andreis
CLAVE, Revista de Poesía. Número 23
Mayo de 2015
Cita: Juan Manuel Roca en su libro: Cerrar la puerta de 1993 trae una muestra de cuarenta poetas suicidas y una pequeña selección de algunos de sus poemas. Tomaremos los autores más conocidos para ver fragmentos de su particular lenguaje.
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Poetas suicidas
Por MARIA MERCEDES CARRANZA
Semana, Mayo 24, 1993
Poetas suicidas
CERRAR LA PUERTA (Ed. Holderlin)
SELECCION Y PROLOGO DE JUAN MANUEL ROCA HOLDERLIN,
MEDELLIN, 1993, $8.500
EL OFICIO DEL poeta, más que cualquier otro, puede llevar al suicidio. Ya lo dijo con toda lucidez Jorge Luis Borges, en un poema estremecedor titulado "El poeta declara su nombradía": Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia; Ojalá yo hubiera nacido muerto. Juan Manuel Roca da otra explicación en el prólogo a este libro: "Ocurre que en el largo pastoreo de abismos que es el oficio del poeta, el suicidio se presenta como opción, como tentación desde el más irrompible silencio". Lo cierto es que el poeta busca ensanchar la realidad, revelarla en su totalidad y en ese empeño, al escribir un poema, está arriesgando su vida, porque la vivencia de esa visión totalizadora no excluye a la muerte. Esta puede el poeta dársela literalmente, pero también suele ocurrir que se la propine de otras formas menos evidentes y definitivas, pero no por ello menos desdichadas.
Sea cual fuere la causa, esta antología demuestra que existe entre los poetas una tendencia a "irse de este mundo pegando un portazo". Roca recoge poemas de 40 que se quitaron vida, pero es claro que la nómina podría ser más extensa. Figuran los suicidas legendarios, como Malcolm Lowry, Nerval, Alejandra Pizarnik, Pavese, Georg Trakl, Von Kleist, Maiacovski (entre estos ¿por qué no fue incluido Lugones?); están otros, cuya último gesto no ha hecho leyenda, como Luis Hernández, David Ledesma o Ana Cristina Cesar. Hay dos colombianos: Carlos Obregón, un buen poeta injustamente olvidado o ignorado y, desde luego, José Asunción Silva.
La lectura de este conjunto de versos, reunido bajo el común denominador del suicidio de los autores, no resulta necesariamente angustiosa o deprimente, porque la intención del antologista no estuvo motivada por el morbo, ni por objetivos apologéticos o moralistas. Registro solamente un hecho: en ese salto mortal, que es escribir un poema, se corre el riesgo de caer y ese riesgo, lo sabe tanto el poeta como el guerrero hace parte del oficio. Así, esta lectura que propone Roca permite vislumbrar instantes luminosos de la experiencia humana, puestos en palabras por quienes se la jugaron toda en ese empeño trascendente.
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Por: Redacción ELTIEMPO
 23 de mayo de 1993
Una impresionante muestra de poetas suicidas, con selección y prólogo de Juan Manuel Roca, es el volumen Cerrar la puerta (Ed. Holderlin). Son 40 en total. Entre ellos: Carlos Obregón, Ramos Sucre, Dávila Andrade, M. Lowry, J. Rigaut, Attila Jozef, Trakl, Th. Chaterton, J. P. Dupray, Luis Hernández, K. Gnderode, José M. Arguedas, J. Torres Bodet, A. Pizarnik, Celan, Cravan, Dylan Thomas, Pablo de Rokha, Maiacovski, Kleist, Esenin, Pavesse, Crane, Nerval, Silvia Plath, G. Ferrater, J. A. Silva.
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Los poetas suicidas
Por Fabio Martínez
ENSAYO (1993) sobre:
Cerrar la puerta. Muestra de poetas suicidas. Juan Ma­nuel Roca. Ediciones Holderlin, Medellín, Colombia, 1993.
FRAGMENTO: La antología de Roca abarca un largo período de ciento veinte años, que va desde el suicidio de Gerard de Nerval en 1865 ("Hoy no me esperes porque la noche será blanca y negra'), hasta el auto-sacrificio de la poetisa brasileña Ana Cristina César ("Me cal­zo decidida donde los gatos fingen que me aman"), produ­cido en 1983. Es decir, abarca todo un ciclo, por no hablar de un círculo doloroso y tenaz, que se abre con el período finisecular del siglo XIX, y se cie­rra con el período finisecular del XX, que aún está por definirse.

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