sábado, 28 de febrero de 2026

Carlos-Enrique Ruiz. Poeta con profundidad existencial. Por José Miguel Alzate*. Papel Salmón, La Patria, Manizales, Colombia. Febrero 28, 2026. Ensayo sobre el libro del Poeta "Cuestiones del decir". Antología personal (1960-2006). NTC ... Registros

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Carlos-Enrique Ruiz

Poeta con profundidad existencial

Por José Miguel Alzate

Papel Salmón

 La Patria, Manizales, Colombia. Febrero 28, 2026

Ensayo sobre el libro del Poeta

Cuestiones del decir. Antología personal (1960-2006)

Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2020

NTC ... Registros 



Carlos-Enrique Ruíz. 

Poeta con profundidad existencial

José Miguel Alzate, Escritor

Papel SalmónLa Patria, Manizales, Colombia. Febrero 28, 2026.

Edición digital en la web de Papel Salmón en  CALAMEO, 

https://www.calameo.com/read/0047659737b2c4a6d5be5

Archivos de Papel Salmón en  CALAMEO, 

https://www.calameo.com/books/004765973a94b325ce568

 

Carlos-Enrique Ruiz es un ingeniero civil conocido en amplios círculos intelectuales gracias a la revista Aleph, fundada por él en 1966. Nacido en Manizales el 10 de mayo de 1943, su vida ha sido una entrega total a la docencia universitaria y al trabajo sin descanso con la palabra, bien como poeta de mirada sensible frente a la existencia o como ensayista formado en la lectura temprana de Miguel de Montaigne. Ha sido viceministro de educación, director de la Biblioteca Nacional, vicerrector de la Universidad Nacional sede Manizales y rector de la Universidad de Caldas. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía Decires, Imaginería de caminos, Las palabras son fuego, Sesgo de claveles, Las lluvias del verano, El amor de la clepsidra y Tregua al amanecer.

Este humanista que como poeta maneja un lenguaje de altas connotaciones estéticas, que recibió en vida el honor de que la biblioteca de la Universidad Nacional sede Manizales, en el Campus La Nubia, llevara su nombre, es además de miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua, también miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas. Por su trayectoria como poeta, Carlos-Enrique Ruiz obtuvo otro reconocimiento de la misma Universidad Nacional: la publicación de una antología de su obra poética, en edición de lujo. El libro, en pasta dura, de 386 páginas, con prólogo de Bertha Lucia Estrada, con algunos textos en su propia caligrafía, se titula Cuestiones del decir. Aquí se recoge gran parte de la poesía que escribió entre los años 1960-2006.

Un mundo poético original

Leer Cuestiones del decir es adentrarnos en un mundo poético original en la concepción del verso, donde el lenguaje alcanza resonancia lírica y las figuras literarias asombran por su belleza. ¿Por qué escribo que CarlosEnrique Ruiz es original en la construcción poética? Veamos. En el libro Las palabras son fuego (1999), recoge poemas sin título, cortos, con la excepción de uno donde habla de miles de refugiados de la guerra de Kosovo que desaparecen sin dejar rastro. Todos los poemas se inician con una palabra en mayúscula y en negrilla que no son aisladas en el texto. El poema es una exhortación sobre la necesidad de silenciar las armas, una crítica a los campos de concentración, una queja sobre esa muerte que llena los atardeceres en los campos de batalla.

Otra novedad en esta antología es la de escribir poemas sin ningún signo de puntuación. Carlos-Enrique Ruiz se toma licencia para jugar con las palabras, como dejando que la inspiración fluya libre, sin cortapisas. Se advierte en el libro Sesgo de claveles (2004), donde además recurre a los títulos de una sola palabra. Aquí el lector se encuentra con un poeta profundo en el tratamiento del tema existencial para decir que “lo sobrio tiene el sabor del hartazgo”, que “rueda sin fin el extraño acontecer de los seres”, que hay ciudadanos “sin otro consuelo que la desdicha” y que “el silencio irrumpe la luz tenue de la penumbra”. En los poemas de este libro es una constante el uso de los símbolos para expresar alegría ante el paisaje o perplejidad ante la soledad que carcome el alma.

Graciela Maturo dice que en la poesía de Carlos-Enrique Ruiz hay “leves toques impresionistas”, y que sus poemas son “un recorrido por la subyacente interrogación sobre el sentido de la existencia”. Yo agregaría que aquí está latente el grito desesperado del hombre frente a la vida y, al mismo tiempo, la exaltación de la mujer como compañera de vida. Su primer libro publicado, Decires (2006), es un canto emocionado a ese sentimiento que se alberga en el alma. Los títulos de los poemas muestran la dimensión de su estro: “Tu nombre tiene un lugar en el mundo”, “Mirada en azul” y “Mujer con traje de amor y lluvia”, enseñan a un poeta con influencia nerudiana, con un vocabulario exquisito para exaltar a la mujer, como lo hace en este verso: “Préstame tu cabellera teñida por la bruma para atar mis manos”.

Con la misma facilidad con que escribe un Haikú de cinco líneas y quince palabras, (“Me he propuesto sacudirle las entrañas a la noche para que de la oscuridad solo quede el pánico”), Carlos-Enrique Ruiz pasa a un poema de cinco páginas, “Este agradable olor a manzana”, para decir con lenguaje de elevado lirismo que todo muere: “Muere la rosa tan temprano/ muere lo más cercano del corazón/ muere el árbol centenario/ muere el viento/…solo queda la ceniza próxima a la desolación/.” En este poema está la voz de un hombre que ha caminado el mundo, que se ha detenido ante los rostros del dolor, que ha admirado el mar “con sus alas de viento” y que ha visto “luces que despabilan en los aleros”. El poeta se detiene en las cosas del universo, y las exalta con su palabra iluminada.

 Con alma de humanista

Otra arista para resaltar en la poesía de Carlos-Enrique Ruiz es cómo lleva a su poesía el alma del humanista que habita en él. En las páginas de Cuestiones del decir aborda la cultura universal para darle al lector lecciones de historia, enriqueciéndolo culturalmente. En el poema “Fulgor sin estrellas en el pecho”, otro de cinco páginas, aborda La Odisea, de Homero, para hablar de la Guerra de Troya y poetizar con palabra lúcida sobre el regreso de Ulises a Itaca para recuperar su reino y salvar a su esposa Penélope. Aquí rememora a Lisístrata, a Esquilo, a Helena, a Pisístrato, todo en un lenguaje que yo llamaría oceánico por su fuerza descriptiva. Veamos, como ejemplo, este verso: “No valió tampoco el esfuerzo de Minerva/ al detener la aurora para que la noche fuera más larga/.”

Cuestiones del decir es una antología diferente a las que se han hecho siempre. Aquí se incluyen los poemas sin orden cronológico, revolviendo el material. Ésta, de CarlosEnrique Ruiz, hecha con un cuidado extremo, muestra su poesía libro por libro, en orden de publicación. Esto permite evaluar la superación que ha habido en el poeta obra tras obra, exhibiendo sus logros con la palabra. El lector descubre entonces que, de esa voz romántica de su primer libro, el poeta llegó a una voz más profunda, donde sus preocupaciones temáticas fueron otras porque ya miraba el mundo de manera distinta. Aquí ya exhibe su preocupación por el devenir del universo, por los problemas sociales que vive la humanidad y por las catástrofes que amenazan la existencia humana.

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El libro en la web de la Editorial de la Universidad Nacional

https://portaldelibros.unal.edu.co/gpd-cuestiones-del-decir-9789587941241.html

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NTC ... ENLACES 

RESEÑA

Carlos Enrique Ruiz, Cuestiones del decir.

Antología personal (1960-2006)

Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2020. 385 pp.

ISBN: 978-958-794-124-1

Antonio García-Lozada / Central Connecticut State University

Revista de Estudios Colombianos No. 57 (enero-junio de 2021), ISSN 2474-6819 (Online)

Para Descarga en pdf:

https://colombianistas.org/ojs/index.php/rec/article/download/164/168/808

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 Algunos de los libros de Poesía de Carlos-Enrique Ruiz (CER) registrados en NTC ..., incluyendo enlaces para acceder a las ediciones digitales  :

 https://ntc-libros-de-poesia.blogspot.com/search?q=Carlos-Enrique+

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CONTINUARÁ .... 


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martes, 28 de octubre de 2025

LA LUZ ENDEBLE. Monique Facuseh. Septiembre 2025. Sílaba Editorial. PRÓLOGO por Yirama Castaño Güiza y POEMAS (Muestra).

.

Gracias al generoso aporte y autorización de la prologuista, la autora y la editora.  

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 La luz endeble

Monique Facuseh

Poemas

Sílaba Editorial, Medellín, Colombia

Septiembre 2025

Formato : 14 x 21.5 cm. Páginas: 142

PRÓLOGO por Yirama Castaño Güiza 

POEMAS (Muetra)

Viene y complementación de

NTC ... 25 de octubre de 2025

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PRÓLOGO

Hay quienes llevan un murmullo todo el tiempo

Yirama Castaño Güiza

                                                          Junio 3 de 2025

 

No es la primera vez que me detengo ante la poesía de Monique Facuseh, la poeta samaria, la que carga en su caminar la “rareza del desierto”, la que lleva consigo el mar en cada paso, la que se extiende en su paisaje y con la misma avidez se repliega hasta el más recóndito de sus espacios. Mi cuerpo fue un templo al que entraba de rodillas”.

 

La poeta con su voz de notas musicales, con sus pausas, tonos y entre tonos, con sus lejanías, con esa partitura que la acompaña cada día, y que por alguna razón me refiere a ese “contacto silencioso”, descrito por Claudia Masín: “Yo te dije que lo único que se parece a la música es tocar y ser tocado”.

 

Si, leo aquí a Monique, la caminante que despierta antes del alba, y en la que siempre habitan las palabras, como pájaros:

 

Los pájaros llevan el bosque en sus alas

pero nadie lo ve.

Pasan chirriando en bandada como locos

desaforados buscando su lugar.

No están perdidos, sólo gritan su arenga.

Llevan el árbol como una prolongación

de su existencia.

Basta mirarlo en el verde de su pelambre.

Sé que llevan el árbol, llevan el río,

pero nadie lo escucha, nadie lo ve.

Es el bosque quien por ellos habla.

 

 

¿Qué formas, qué sonidos, qué imágenes se deslizan en el pensamiento? ¿Qué altura se alcanza con las heridas que permanecen en reposo como alas de mariposa?” Como se lo preguntaba Audre Lord “¿Qué palabras son ésas que todavía no pronunciamos? ¿Qué necesitas decir? ¿A qué tiranías te sometes día tras día, tratando de hacerlas tuyas, hasta asfixiarte y morir por ellas?”. Es esa la mano que resiste, el lapiz que apunta al papel y se subleva ante lo que otros han borrado o pretenden suprimir.  

 

Llego corriendo a escribir mi silencio.

Silencios como migas de pan cayendo.

Silencios de blancas y negras,

de puestas de sol.

Silencios que duran toda la vida,

toda la muerte.

Silencios de talla mayor.

Incoherentes, indescifrables

para que otro los sufra.

Premeditados, irracionales,

discapacitantes, prolongados

como un calderón,

como estocada de puñal.

Silencios tan letales como la mudez de Dios.

 

¿De qué extraña materia está hecho ese territorio del que nos habla Monique Facuseh en La Luz endeble, su décimo libro de poemas? Ese almario donde se encuentran las letras, esa inmensidad tan propia,-como la definiera Gastón Bachelard, esa caja de resonancia en el pecho, esas formas del silencio, desde las cuales la poeta escribe y que tanto incomodan a quienes apenas escuchan a las mujeres decir.

 

Desde este rincón del mundo escribo.

-sin mesa ni mantel-

Quién podrá escucharme tan minúscula.

Quién detrás del telón inexistente aguarda.

Le escribo a tantas cosas

y tantas otras que me faltan,

porque la vida no termina en nosotros,

porque cada día es una emoción

y distinta nuestra forma de mirarla,

como el perro que olisquea el hueso del hambre.

 

Desde la introspección y sin temor al dolor que sobreviene en cada línea, la autora habla de pérdidas que como las piedras van siendo erosionadas por la lluvia y el viento. “A veces sueño con mis muertos”.  Ausencias tocadas por el hielo, dispersas, vueltas arcilla, arena y sedimento.

 

En su trayecto

la hoja se va despidiendo.

Ya no pesa.

Ya de nada se sostiene.

Abatida y moribunda

se desgonza.

Larga su aliento

en la hora última,

la más leve.

Oscura ya sobre la tierra.

 

 

Corpósculos de la piel, puestos allí con todo cuidado, para detectar las vibraciones, la presión del tiempo, la temperatura, los extremos. Grietas, quebraduras del cuerpo. La misma acción de la escritura, el cántaro del que nos habla Ida Vitale: “La poesía es la intimidad que coincide con la intimidad de otros”.

 

 

De alguna manera,

yo admiraba a mi padre.

Me sentía orgullosa de su parentesco,

lo imitaba sin saber.

Hasta que abrí los ojos

en los ojos de mi madre.

 

 

A veces también el oficio se instala en su escritura como una urgencia: “No tengo miedo de la simpleza de las palabras/ deslizándose libres por mi boca”; como un acto de fe: El cielo del papel, la música del aire; una autorrevelación: Para aquél que muere de sed y sabe que le espera el agua”.

 

Facuseh habla de la muerte, pero también del miedo, del exilio, la orfandad y el deseo, del arte y su belleza, guardada la distancia, fuera del cuarto oscuro, donde lo observado se transforma.

 

Alrededor de la lámpara

van cautivos los insectos.

Lelos, enamorados,

no saben de otra miel,

no lo pueden evitar.

Una y otra vez se enfilan

hacia la luz, su único destino,

buscando las laderas del deseo.

Arden en nombre del amor.

Qué sensual es la luz.

Cómo nos embosca su brillo.

Cómo nos vencen sus latigazos.

 

Podría considerarse la suya, una poética de la experiencia, un “regreso a la soledad, a la morada infinita, un hacer propio, un vivir en un espacio habitado por ella, pero construído a partir de la polifonía de voces que la atraviesan, que la iluminan, que vienen de atrás, de todos los tiempos, en contravía de los meses que avanzan como agujas del mismo reloj. Voces titilantes, murmullos en cada instante.

 

Yirama Castaño Güiza

                                      Junio 3 de 2025


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POEMAS

Muestra


LA LUZ ENDEBLE

MONIQUE FACUSEH

 

 

CORTEJO



Alrededor de la lámpara

van cautivos los insectos.

Lelos, enamorados,

no saben de otra miel,

no lo pueden evitar.

Una y otra vez se enfilan

hacia la luz, su único destino,

buscando las laderas del deseo.

Arden en nombre del amor.

Qué sensual es la luz.

Cómo nos embosca su brillo.

Cómo nos vencen sus latigazos.

 

 

LA CASA

 

A Fabio Morabito

A ellos que ya no están

A nosotros sus huérfanos

 

 

Se ha ido quedando a oscuras la casa.

Sus pilares más robustos han caído.

Otros muros aún quedan por caer,

por la inercia del tiempo,

la costumbre de hacerse ruina.

Quién sigue ahora.

Qué otra forma terrena nos dejará.

Se ha ido quedando a oscuras la casa

con el polvo de su derrumbe,

con la niebla del desamparo.

Qué luz falta por apagarse.

De qué otra claridad viviremos.

 

 

EL MUEBLE

 

Ahora este vacío.

Años de mirarnos en el mismo sitio,

y a las mismas horas.

Años de mutua compañía,

de hablarnos con sólo vernos,

y de repente, ya no está.

Algo se ha ido.

Algo he perdido.

Me han quitado un pedazo.

Como el muñón que trata de

alcanzar su ausencia.

De vacíos estamos hechos.

Una sola sombra que

no tiene reemplazo.

Un abismo por el que

siempre rodamos.

 

 

ACOPIO

 

Agosto anticipa las hojas,

cierto frenesí.

No es junio quien parte el año

-tampoco era todo como nos dijeron.

Agosto es un río.

Fácil adentrarse en sus

densos humedales.

Avanzamos en la espesura,

en la ebriedad de su errancia,

en el tono menor de su saudade.

Agosto rompe filas, rompe esquemas,

nos mira de reojo.

En la niebla de agosto que se regodea,

el poema es una lámpara.

  

SENDERO

 

A Romina Funes

 

 

Como un fantasma llega la niebla.

Instantes oscuros nos rodean.

No podemos mirar más allá.

Instantes de no saber,

de no sabernos.

Es la niebla de adentro,

la que se encima.

Esa que está en nosotros,

la que trajimos.

De momentos sale y nos cerca,

nos toma desprevenidos.

Porque eso hace la niebla.

Nos va marcando.

Nos va engullendo.

Desapareciendo.

La niebla es como una culpa,

como un aturdimiento.

Este poema salió de la niebla.

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Gracias al generoso aporte y autorización de la prologuista, la autora y la editora.  

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